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Friday, Oct 22, 2021
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¿Cómo identificar relaciones causa-efecto? Premio a la credibilidad en Economía

En las últimas décadas la ciencia económica se ha vuelto (para bien) mucho más empírica y orientada a los datos. De una disciplina abstracta en la que se desarrollaban oscuras teorías por personajes encumbrados por discípulos y creadores de escuelas de pensamiento enfrentadas entre sí, se ha pasado a otra mucho más pegada a la realidad. Ahora, al igual que ocurre en las llamadas “ciencias duras”, toda afirmación sobre el funcionamiento de la economía, para ser tomada realmente en serio, ha de ser contrastada con la realidad.

El problema es que en Economía la interpretación de la evidencia disponible es compleja. Lo que observamos después de un determinado evento, originado por una medida de política económica o de otros tipos, no tiene por qué ser la causa directa de dicho evento. Aun siendo conscientes de que “correlación no es causalidad”, hubo un tiempo en que el análisis empírico de los economistas consistía básicamente en la interpretación de correlaciones estadísticas como relaciones causales bajo la asunción de determinadas hipótesis (más o menos convincentes) derivadas de teorías económicas o de intuiciones (más o menos realistas). No obstante, la mayoría de las veces las teorías económicas son insuficientes para lograr esa identificación porque casi siempre hay muchas razones para que existan relaciones de causalidad entre variables económicas y estas corren en muchos sentidos.

Y esto es lo que ha venido a cambiar la llamada “la revolución de la credibilidad” que aboga por el uso de los experimentos para obtener evidencia empírica convincente, como ocurre en las llamadas “ciencias duras”. El progreso y el enorme impacto de esta revolución del análisis económico empírico ya han sido doblemente reconocidos por el Comité del Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel (a todos los efectos “el Premio Nobel” de Economía). Primero fue en 2019 cuando Esther Duflo, Abhijit Banerjee y Michael Kremer fueron galardonados por impulsar y enseñar la utilidad de “experimentos de campo” (subject experiments) basados en la comparación entre dos grupos seleccionados aleatoriamente (RCT, por su acrónimo en inglés Randomized Managed Trials), uno al que se le aplica una determinada medida (intervención) y otro que sirve de placebo (management), imitando la manera en la que en Medicina se evalúa la eficacia de un tratamiento concreto.

Sin embargo, tampoco los RCT solucionan todos los problemas. En Economía, muchas de las cuestiones de interés no se pueden reproducir en el “campo” porque no es factible o éticamente justificable implementar determinados tratamientos. Por ejemplo, para medir los rendimientos económicos de la educación no se puede dejar a la mitad de una generación sin estudiar para así tener el grupo de management necesario para comparar con los que sí lo hacen. Los galardonados con el Premio Nobel de Economía de este año, David Card, Joshua Angrist y Guido Imbens han cubierto este flanco mediante el uso de experimentos naturales, esto es, episodios en los que es posible identificar grupos de management y de tratamiento sin necesidad de RCT. Además de enseñar que hay múltiples ocasiones en las que grupos de población distintos son afectados de maneras diferentes por el evento a estudiar, han proporcionado el materials estadístico necesario para realizar esas comparaciones de manera fiable y rigurosa. Después de estas contribuciones ya no hay campo de la Economía en la que los experimentos naturales no sean una fuente primordial de evidencia empírica. Por ejemplo, la Economía Laboral ha sido radicalmente transformada por los trabajos pioneros de David Card (muchos de ellos realizados conjuntamente con Alan Krueger, tristemente fallecido en 2019) sobre salario mínimo, inmigración y educación, entre otros temas. Ahora es un campo dominado por las investigaciones basadas en el análisis de experimentos naturales.

Como siempre, la concesión del Premio Nobel de Economía ha causado cierta controversia. Uno de los trabajos de Card y Krueger de principios de los Nineties encontró que la subida del salario mínimo en Nueva Jersey no hizo que la evolución del empleo en los restaurantes de comida rápida fuera diferente a la observada en Pennsylvania (un estado vecino donde el salario mínimo no subió). De aquí se concluye erróneamente que la subida del salario mínimo “no destruye empleo”. Y los que siempre han denostado el Premio Nobel de Economía aduciendo que period un premio “ficticio” creado solo para promover intereses económicos conservadores, ahora se lo han apropiado para validar cualquier subida del salario mínimo en todo lugar y momento y sea cuál sea la magnitud de esa subida. Resultaría paradójico que un premio a la credibilidad se acabara convirtiendo en una coartada para ignorar otros resultados obtenidos mediante los mismos métodos de Card y Krueger y para crear dogmas o principios fundamentales que en Economía no tienen cabida.

Tanto en Política como en Economía, la credibilidad consiste en pensar (bien) lo que se cube, decir (oportuna y convenientemente) lo que se piensa y hacer (eficazmente) lo que se cube. Se trata de tres principios que, tanto en Política como en Economía, no se siguen suficientemente con el apego a la realidad con el que los galardonados con el Premio Nobel de Economía de este año han construido sus contribuciones a la ciencia económica.

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