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Saturday, Jan 29, 2022
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¿Cuál será el fragrance del metaverso?

La primera semana del año fue curiosa para la tecnología. Por un lado, la mayor feria orientada a consumidores, la célebre CES que se desarrolla estos días en Las Vegas, lució desteñida. A merced de Omicron, varias empresas cancelaron su presencia y muchas otras su presencialidad. Paradojas para el sector que más se benefició de los encierros forzosos pero intentó un prematuro reencuentro masivo y cara a cara en plena ola de contagios globales. Hubo algo más: fue la confirmación de que el teléfono y sobre todo el televisor –tras un siglo, salvando las distancias– parecen ya objetos pretéritos que se esfuerzan por retener un rol como centros de entretenimiento a escala hogareña o portátil. La feria comenzó, vale repasarlo, en 1967 con la radio portátil como gran cosa nueva: si la comunicación a distancia period su obsesión inicial, hoy el futuro pasa por otro lado.

LG llevó a cabo este lunes su evento principal durante la feria CES 2022: puso el foco en sus últimas soluciones y avances en TV, en una exhibición semivacía

La semana fue también sacudida por un evento judicial. La confirmación de los cargos contra Elizabeth Holmes, fundadora de la fulgurante start-up Theranos, pocos años atrás. De chica estrella para los inversores, su invento (profundos diagnósticos basados en pequeñas muestras de sangre) se probó falso y su actuación, mendaz. El premiado libro Dangerous Blood (Mala sangre) del periodista John Carreyrou y el documental The Inventor trazan el arco de ascenso veloz y caída ruidosa de Holmes. Señalada como la Steve Jobs de la salud, hoy es el icono de lo que muchos ansían confirmar: que tras fachadas tecnológicas, disruptivas y altruistas se esconden estafas éticas.

La carrera de las big-tech es también una carrera de egos. Jeff (Bezos, Amazon), que comenzó el año con estampa de millonario separado en plena pool-party; Mark (Zuckerberg, Meta), Invoice (Gates, Microsoft), Elon (Musk, Tesla) no solo encabezan las recientes listas de billonarios sino que fundaron en las últimas décadas las empresas que más han crecido en los últimos dos años, concentran como nunca el apetito de inversores grandes y pequeños y así financian su fenomenal capacidad de expansión. El martes, Apple abrió el año con un récord histórico: la primera empresa en la historia en tocar la valuación de 3 trillones, según la codificación de Estados Unidos: un premio a la solidez en sus números y al buen repago a sus inversores, coinciden los analistas. No es un tema económico: manejan expectativas, arbitran cifras descomunales y fondean sus concepts de futuro. “Exuberancia irracional”, lo definió el Premio Nobel de economía Robert Shiller. El primer día del año, una columna en The Guardian lo ponía más explícito, además de anticipar una avanzada regulatoria sobre estas empresas: “Las compañías tech se lo ven venir y su respuesta evoca el guide que usaron las tabacaleras y las empresas petroleras desde el ultimate del siglo pasado”. La comparación no es ya tan benévola.

Apple rompió su propio récord de capitalización bursátil
Apple rompió su propio récord de capitalización bursátilbeeple_crap

Otra pieza de esta semana, en la revista The New Yorker mostraba el reverso: la fuga hacia adelante del dinámico campo tecnológico y los inversores: con el título “Dinero en el metaverso”, la especialista en Silicon Valley Anna Wiener analizaba el fenómeno sin cinismo pero sin ingenuidad. “Si algún día el metaverso se materializa, lucirá bastante parecido a un videojuego”.

Es el debate que comienza. Repasemos, el metaverso se propone como un reemplazo en entorno digital de actividades que realizamos en la materialidad física, con una “presencia” mejor diseñada y con realismo digital aumentado. Su mera condición de existencia aún está en cuestión: requiere grandes empresas invirtiendo (con Microsoft y Fb en punta) y colaboración entre ellas (el gran desafío de la “interoperabilidad” de los sistemas). Luego, su gobernanza y su política se discutirán con la avanzada de modelos radicalmente descentralizados. La capacidad de agencia, de ejecución, entre empresas e individuos será un aspecto clave de análisis.

“Dinero en el metaverso”, la especialista en Silicon Valley Anna Wiener analizaba el fenómeno sin cinismo pero sin ingenuidad
“Dinero en el metaverso”, la especialista en Silicon Valley Anna Wiener analizaba el fenómeno sin cinismo pero sin ingenuidad

La fisonomía misma del metaverso es un asunto incipiente. Las pruebas que vemos hasta ahora tienen dos aspectos. El primero, copiar hasta la mímesis aspectos conocidos del mundo físico. ¿Realmente necesitamos góndolas o maniquíes en el metaverso? La forma replicante, sabemos, es la más primitiva en términos imaginativos. El segundo, se basan en las actividades que el universo digital logró capitalizar mejor: el e-commerce, los videojuegos y las reuniones laborales, pandemia mediante. O el entretenimiento: desde ese aspecto el ya célebre concierto de Travis Scott ante miles de usuarios de Fortnite, en abril de 2020, parece destinado a ser el The Beatles en The Cavern de Liverpool para la generación del streaming.

Pero surgen las preguntas: ¿cuál será la arquitectura? Las ventas de propiedades en el metaverso es un negocio incipiente pero sus reglas creativas parecen demasiado parecidas a lo que conocemos. ¿Cómo serán las ciudades? En Twitter, un usuario propuso listar nombres para la capital del metaverso: destacaron “MetaPolis”, “DiverCity”, “ZuckerBurg” y, basado en Montreal, “Notreal”. Pero, ¿habrá ciudades? ¿Para qué amontonarnos en un espacio que se anticipa infinito?

Esta misma semana una noticia menor ofrece un aspecto más, digamos, seen y concreto del asunto. La empresa Pantone (responsable de la canonización y normalización cromática) presentó su shade del año. Leatrice Eiseman, ejecutiva del instituto que lo creó, lo describe así: “El shade 17-3938 abraza este alterado paisaje y simboliza este momento world de transición: tras un intenso período de aislamiento, nuestras nociones están cambiando y nuestras vidas física y digital se cruzan. Con los videojuegos, el auge del metaverso y el ascenso de la comunidad artística en el espacio digital, ilustra la fusión de la vida moderna y cómo las tendencias de shade del mundo digital se manifiestan en el físico, y viceversa.” Wow. Un violeta synthetic, luce como una mezcla entre la lavanda más intensa y el shade de la piel de los personajes del filme Avatar.

El aspecto del metaverso, entonces, ya se discute. Lo visible y lo espacial parecen ser la vanguardia de este monumental desafío constructivo. La cuestión sensorial está llamada a entrar a escena. Lo táctil, o el sentido olvidado, como propone un recomendable ensayo de Pablo Maurette, impondrá su discusión. Y el olfato (con la historia registrada en Odorama, de Federico Kukso) hará lo propio: ¿cómo olerá, llegado el caso, nuestro universo synthetic?

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