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Friday, Sep 30, 2022
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El “skate” conquista la Praza da Estrela

Un encuentro de skaters y amantes del skate y de su movimiento con dos objetivos: celebrar en comunidad su pasión por este deporte y alzar la voz con la intención de lograr más espacios adaptados a todas las edades y niveles para fomentar todavía más su práctica en la ciudad. Es el ADN del Nozilla Jam, que se celebró en la Praza da Estrela con un centenar de participantes llegados de Galicia e incluso Portugal y reconocimientos llamativos que resumen el espíritu de la cita: al outfit más macabro o a la mejor caída. Volvió a las calles tras más de tres años en el baúl debido a la pandemia del COVID. Y, además, lo hizo con bocadillos de crema de cacao, el premio que se entregó en las primeras ediciones de este congreso nacido en 2002: de ahí su nombre.

Desde las 16.30 hasta que se despidió el sol, los skates compusieron la banda sonora en este céntrico espacio de la urbe, convertido desde hace tiempo en un santuario para el gremio. Hubo multitud de premios para los participantes y trofeos. Las pruebas: hacer trucos encima de una mesa de picnic de madera con cantos de psychological, saltar un bidón con la ayuda de rampas pequeñas, mostrar las habilidades en una barra de metallic, lograr el derrape más largo sobre un suelo mojado con agua o ser el más rápido en una carrera alrededor de la plaza. Algunos obsequios: camisetas, zapatillas, tablas, rodamientos o una cena.

Daniel Raposo, uno de los organizadores –también está detrás de los NTC Video games–, defendía antes del inicio la importancia de reunir en un mismo punto a toda la familia del skate: acudieron fieles menores y adultos y artistas relacionados con este mundo. “Hay mucha escena, pero contamos con pocas instalaciones en la ciudad. Las que hay no siempre están adaptadas”, lamentaba antes de dejar claro que el Nozilla Jam es un evento deportivo “sano” que ayuda a visibilizar esta modalidad en la ciudad de O Marisquiño, referencia de la cultura urbana. Contó con patrocinadores locales e internacionales, como las marcas New Steadiness o Etnies.

La cita, que, habitualmente, se celebraba en julio, permitió a los más pequeños encontrar referentes del mundo del skate y anotar consejos y, a los expertos, compartir experiencias y vivencias y conocer a más enamorados de esta práctica. “Se premia el buen rollo, no la competición”, explicaba Raposo, que puso el acento en la necesidad de que se generen instalaciones para dar respuesta a la demanda que hay y ofrecer opciones seguras para su práctica. “Conocemos los proyectos del Concello –prevé un skatepark cubierto en Navia y otro en la planta baja del auditorio Mar de Vigo–, pero echamos en falta que nos consulten más. Es importante que haya rampas adaptadas a la que gente que empieza”, apostilla.

Uno de los protagonistas del Nozilla Jam fue Álex Hernández Cuchillas, el speaker. Este joven tatuador es un clásico de la cita desde hace años. Aseguraba que, para él, este evento es una oda al entretenimiento y la libertad. “La gente que empieza debe quitarse el miedo. Lo importante es pasárselo bien con el skate y sentirse a gusto”, destacaba, a la vez que aseguraba que este mundo es su forma de “entender la vida”. “Aunque no pueda patinar tanto como antes, eso no va a cambiar nada”, añadía.

De todas las edades

Entre los participantes, había variedad: de skaters con menos de 10 años a otros de más de 30. Xela y Emma, de 7, disfrutaron juntas del evento, al que acudieron bien protegidas: con casco, coderas y rodilleras. La primera ya sumaba tres años de experiencia con el monopatín. Lo que más le gusta de practicar esta modalidad: conocer amigos y divertirse. “Había ido a torneos similares en Redondela, A Coruña y Pontevedra”, destacaba antes de indicar que estaban en la Praza da Estrela para ver el evento y pasárselo bien. Su amiga Emma reconocía que le hacía ilusión estar allí.

Algunos se animaron a participar disfrazados. Es el caso de André Vilas y Pachi Zamorano, de 16 años. Para ambos, period su primera vez en el Nozilla Jam. “Patinar me aporta felicidad”, destacaba el primero poco antes de dirigir su monopatín hacia una de las rampas.

André González, de 31 años, asistió para echar una mano en la organización. “Empecé a los 11 a patinar. Me permitió tener un lugar en el mundo. Ahora, es una forma de desconectar”, resumía.

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