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Sunday, Jul 3, 2022
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Christina Aguilera

Crítica de discos de Marcelo Contreras: los lugares comunes de Christina Aguilera, los aciertos de Years & Years y Alex Lifeson

A pesar de su origen latino, Christina Aguilera (41) es una neoyorquina que comprende Latinoamérica con el reduccionismo ordinary estadounidense: al sur del Río Grande cunde la fiesta y el drama regados con tequila. En esa línea, tristemente inolvidable el cliché hollywoodense de Carmen Miranda, la artista de Portugal ataviada con frutas en la cabeza, como símbolo de la extravagancia de la América morena. La Fuerza, segundo EP de Aguilera en una discografía de ocho álbumes, reincide en el intento de cantar en español, tal como lo hizo con Mi Reflejo (2000). Los resultados son similares. Insoslayables la extraordinaria voz, y la sensación de que no comprende muy bien lo que canta. El idioma le complica para dar con acentos e inflexiones.

Con invitadas como Becky G y las estrellas pop argentinas Nathy Peluso y Nicki Nicole, la concept fuerza es el empoderamiento femenino. La Fuerza se pone al día en música urbana –Ya llegué, Pa mis muchachas, Santo-, ofrece una energy ballad lacrimógena al piano con algún resabio a Shakira –Somos nada-, y cierra con una ranchera –La Reina-. Sólo le faltó el tango para completar el álbum de lugares comunes latinos.

Para las publicaciones de rock se trata de la nueva banda de Alex Lifeson de Rush, pero no es tan así. Envy of none corresponde al proyecto del músico canadiense Andy Curran, la cantante estadounidense Maiah Wynne, y el productor e ingeniero Alfio Annibalini. El versátil guitarrista, uno de los padres del metallic progresivo que supo diversificar su estilo durante 40 años en el desaparecido energy trio, sostiene una amistad con Curran, y así se involucró en el grupo que estrenará álbum el 8 de abril, con as soon as composiciones. El último tema, Western sundown, se anuncia como un tributo de Lifeson a su amigo, el fallecido dios de la batería Neil Peart.

Por mientras, Liar adelanta un tipo de sonido y estilo a distancia sideral de Rush, pero a la vez consonante con los intereses de Lifeson en su álbum solitario Victor (1996), con ramificaciones hacia 9 Inch Nails. La voz etérea de Wynne bajo tratamiento dream pop, se funde en una pieza sugerente de sinuosidad journey hop con alta tecnología. Los oídos atentos descubrirán detalles típicos de Lifeson -capas de guitarras densas y cristalinas-, aunque sin el enrevesamiento que hizo legendaria a su antigua banda. Más ambiente y menos matemática.

En marzo del año pasado la banda electro pop Years & Years, una nueva generación del árbol genealógico al cual suscriben clásicos para las grandes minorías como Kylie Minogue, Erasure y Pet Store Boys, sufrió un quiebre. Los fundadores Mikey Goldsworth y Emre Türkmen se retiraron, sincerando lo que había sucedido con el grupo que causó sensación en los ránkings británicos desde el debut Communion (2015): la banda es un proyecto private del vocalista y tecladista Olly Alexander. No fue una gran sorpresa para el público, porque Years & Years siempre ha sido sinónimo del carismático cantante. Aunque los ex integrantes seguirán colaborando -Goldsworth en vivo y Türkmen en composición y producción-, este tercer disco es un trabajo solista de Alexander. Night time name nunca desfallece en su misión bailable y romántica hasta la médula con buenas melodías, grandes estribillos -partiendo por la canción homónima-, y un puntilloso trabajo en sintetizadores y máquinas. En una competencia por quién emula mejor a Michael Jackson, si Olly Alexander o The Weeknd, el fallo puede ser dividido. El saldo es un álbum del que te puedes volver adicto por un tiempo para levantar el ánimo.

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