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Saturday, Oct 1, 2022
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California Vogue XIII

“Si quieren ir al año 2053, tienen que acercarse y estar en un radio de dos metros de la cápsula”, dijo Tonatiuh trazando un círculo con su índice. Según recuerdo, en un principio había dicho que este viaje en el tiempo period un one-way-ticket, sin embargo, ahora estaba dispuesto a arriesgarse para regresar a la realidad que le pertenece. 

Al closing, una persona resulta parte de su lugar y de su momento, ese es el mayor patrimonio que tenemos, nuestro tiempo. 

Period una situación compleja. Todos los ahí presentes -salvo los dos soldados-, sabíamos que esto podría ocurrir, algunos quizá lo deseaban, como el caso de Babe Sharon, que gustoso fue el primero en dar un paso al frente para entrar en el círculo imaginario de los viajeros. 

Los demás nos quedamos tiesos como estatuas. Éramos ocho personas de pie frente a un cubo de steel futurístico que parecía tener vida propia; las turbinas hacían ese delicado zumbido parecido al de los drones, apenas perceptible; mientras las luces de neon centelleaban y period como si fuesen luciérnagas las que estaban detrás de aquel brillo que rodeaba la máquina del tiempo y que dibuja una y otra vez la palabra Zafiro como los anuncios luminosos de Las Vegas. 

En la pantalla ya estaba marcada la fecha, ocho de diciembre de 2053, el día que comienza el Armagedón de Juárez. Ya habíamos escuchado la historia, en ese año, cansados de los discursos y las injusticias, un grupo de guerrilleros declaran la independencia en el aniversario de la fundación de Ciudad Juárez, fue en 2053 que comienza la lucha por un pueblo libre de cualquier otro poder soberano, incluyendo los gobiernos estatal y federal. ¿Íremos a ese día precisamente? ¿El día de la guerra civil? ¿qué sentido tiene? ¿podríamos detener el enfrentamiento? Me preguntaba para convencerme de ir en la siguiente aventura. 

Mientras tanto, la segunda en dar un paso al frente fue Omega As soon as, la matriarca de la Nueva Chaveña; inmediatamente después, el escolta le siguió como una sombra y ella le dijo “No Ramón, necesito que regreses y les cuentes lo que hicimos, ya están listos para seguir ustedes, tarde o temprano tendríamos que separarnos, por favor diles que Omega As soon as es inmortal, siempre estaré en la Nueva Chaveña”. Todo aquello parecía la despedida de una misión suicida. Me acerqué con Tonatiuh y le pregunté “¿Estás seguro que quieres hacer esto?”, trataba de advertirle el riesgo. Tonatiuh asintió con la cabeza y luego comenzó con un discurso que quedaría grabado en todos los que estuvimos en la cima del Cerro Bola aquella tarde. “Los he visto tenderse la mano con solidaridad, he visto como se sobreponen a la tragedia, inclusive a la inminente derrota, Juárez es un pueblo estoico, que ha demostrado que es invencible; nada, ni nadie podrá acabar con todo esto -y señaló la ciudad que se veía desde el cerro-, voy a tomar un alto riesgo al regresar, lo más possible es que no lo resista, pero ahora sé lo debemos hacer y quiero decírselo a todos, tenemos que refundarnos como una comunidad actual, haciendo lo mismo que la Nueva Chaveña, esa es la respuesta…”. 

Apenas terminó con aquella arenga y se escuchó un estruendoso ruido, period un disparo que entró en las entrañas de Tonatiuh, el olor a carne quemada y pólvora comenzaron dispersarse, todos nos agachamos intentando protegernos, pero estábamos tan expuestos que no había piedra donde protegerse, por instinto llevamos nuestras manos a la cabeza. Los dos militares que nos acompañaban corrieron a resguardarse en el helicóptero y lograron levantar el vuelo en unos segundos. Quizá habían sido ellos los que dispararon. El escolta de Omega As soon as envolvía a la matriarca con su cuerpo. George, al ser invidente, tenía mejor oído que todos, puso una rodilla en el suelo y señaló a las antenas que estaban cerca de aquella mesa de la montaña, todos volteamos a ver hacía allá. 

La sangre Tonatiuh chorreaba por todos lados, en menos de un minuto había perdido el pulso y su cara de tez morena se había pintado de un shade cenizo. Ahora teníamos a dos muertos, los dos viajeros en el tiempo, los dos héroes de la Operación California Vogue. Alguien gritó “¡no se muevan!”. La voz me parecía conocida, pero no alcanzaba a descifrarlo. Nadie se movió, esperamos a que nos dieran la siguiente instrucción, pero el tiempo parecía una eternidad. Esa es la peor de las torturas, saber que el closing acecha y ni siquiera tener oportunidad de luchar. 

Tonatiuh no supo lo que estaba pasando, bien pudo haber pensado que ya estaba en el viaje en el tiempo y que algo había salido mal, pero además estaba conforme con morir, había saldado la cuenta consigo mismo. Pero así es la vida en Juárez, mejor dicho, así es la muerte, si te encuentra, no puedes escaparte. George estaba en el centro del grupo, de pronto dijo en voz baja “son cuatro, ya es tarde, están cerca”, había contado las pisadas y sabía que llegarían en cualquier momento. 

El escolta de Omega As soon as tenía una .45 en la mano desde el primer segundo del ataque, ya le había quitado el seguro y esperaba ver a alguien para vaciarle el cargador. “¡Todos abajo!”, volvieron a gritar, esta vez se escuchaba la voz más cerca. 

De pronto se alcanzaron a ver las cuatro siluetas, tenían rifles de cacería y usaban cubrebocas con gorras, sin embargo, uno de ellos period un viejo conocido. “Federico Cifrián”, dije en voz alta para que supiera que lo habíamos descubierto, period el capellán de la Catedral, el mismo que nos contactó con el Profesor Zobek. “¿Cómo nos encontraron?”, pregunté como la última voluntad del condenado. 

Entonces el capellán respondió “obviamente pusimos un gps, los venden en doscientos pesos en los Cerrajeros”, el villano sonrío y sus lacayos continuaron con la carcajada. Después continuó “aquí hay reglas, Juárez tiene dueños, no podemos permitir que llegue cualquiera y quiera cambiar lo que tiene que suceder, ustedes entenderán que tenemos que protegernos cueste lo que cueste…este muchacho Tonatiuh, pudimos haberlo matado desde que andaban en los túneles del centro, pero no, esperamos a que buscaran a los que piensan igual que ustedes para tenerlos a todos juntos”. 

Algo sorpresivo pasó. A lo lejos, se escuchaba el ronroneo de un motor, todos voltearon a ver la vereda que sube hasta las antenas, period don Choco, con la mítica rutera de Tonatiuh, el distractor fortuito funcionó perfecto, mientras todos miraban hacía allá, por cada claxonazo eufórico de don Choco el escolta de Omega As soon as disparaba una bala; la primera fue directo a la garganta de Federico Cifrián, otra al corazón del acompañante y la tercera en el brazo del otro sujeto, el último pistolero resbaló al correr y cayó en el acantilado del Cerro Bola, se golpeó en la cabeza y su sangre formó una cruz sobre una piedra volada. 

Fue un atardecer gore, como una película de terror, todos perdimos en aquel enfrentamiento. De algún modo, el río cobró su cuota de sangre y, por un día, solo por un día, quedamos en paz al saldar la cuenta con la frontera a pesar de la tragedia.  

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