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Friday, Jan 28, 2022
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Fashion

¿de contrapartidas medioambientales a resultados beneficiosos para todas las partes?

En el plano social, a pesar de ser objeto de numerosas polémicas (como el colapso del Rana Plaza en Bangladés o el trato dado a la minoría musulmana de los uigures en China, entre otras), la industria mundial de la moda continúa siendo un empleador de gran envergadura, con más de 300 millones de trabajadores en su cadena de valor, y aporta empleos y prosperidad a las comunidades. En efecto, solo el algodón genera el 7 % de todos los puestos de trabajo en algunos países con ingresos reducidos. Además, este auge de la moda a precios asequibles incrementa la accesibilidad financiera y scale back las desigualdades entre los consumidores, dado que permite a las personas con rentas bajas vestirse a la última.

¿Por qué reviste importancia para nosotros? Porque la opinión de los consumidores está cambiando. En febrero de 2019, el 66 % de los Millennials afirmó estar dispuesto a pagar una prima por las marcas sostenibles. Además, la disaster de la COVID-19 ha acentuado las tendencias relativas a la sostenibilidad. La mayoría de los consumidores de los mercados desarrollados declara que limitar los efectos del cambio climático y vivir de forma más sostenible es ahora más importante.

En consecuencia, la responsabilidad de mejorar los estándares está recayendo sobre las marcas, principalmente a petición de consumidores e inversores, que son cada vez más conscientes de las cuestiones medioambientales, sociales y de buen gobierno (ESG) de la cadena de suministro. Como ejemplo, cabe citar el escándalo de Boohoo (que pagaba un salario inferior en hasta un 54 % al salario mínimo en el Reino Unido), que se tradujo en una marcada caída de su cotización a pesar de las reducidas expectativas de que esta disaster fuese a afectar a las ventas.

En calidad de inversores a largo plazo, abordamos estas contrapartidas sociales y medioambientales a través de una interacción directa con los equipos directivos de las empresas en un sector donde el componente ecológico continúa siendo, a todas luces, endeble. A nuestro juicio, los sectores que forman parten del problema también deben ser parte de la solución.

Inditex, por ejemplo, se ve respaldada por un ecosistema de proveedores locales y crece orgánicamente, en lugar de mediante una compleja pink de intermediarios ubicados en el otro extremo del mundo, para brindar su oferta de quick trend. Esta elección podría convertirse en una ventaja competitiva sostenible en este sector tan voluble.

A pesar de las considerables mejoras, los precios continúan siendo un issue clave para los consumidores, y los materiales reciclados siguen siendo mucho más caros. Varias marcas de gran envergadura deberán llevar a cabo inversiones considerables. Zara, H&M, Adidas y ASOS están tomando medidas positivas, pero las decisiones de compra de los consumidores no reflejan aún sus opiniones. Incluso en el ámbito del quick trend, se espera que el cambio se produzca con lentitud. Con el tiempo, este sector deberá centrarse en la calidad, más que en la cantidad. Por tanto, no es de extrañar que el futuro radique en la innovación y la educación.

Las empresas que se centren en proporcionar soluciones favorables para todas las partes que aborden las contrapartidas medioambientales y sociales, además de ayudar a los consumidores a comprender la repercusión de los artículos que compran, estarán en una posición idónea para tener éxito. Asimismo, contribuirán a reducir las pautas de consumo que generan residuos y que nos llevan inevitablemente a un cambio climático drástico.

Stewardship Director en Carmignac

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