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Saturday, Oct 1, 2022
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Gloria Estefan

Mercado, perlas y baratijas (+Video) › Cultura › Granma

La nominación a los Grammy Latinos 2021 de  Cha cha cha: homenaje a lo tradicional, de la orquesta Aragón, Alain Pérez e Issac Delgado, y con la participación especial del flautista Orlando Valle (Maraca), perteneciente al catálogo de la Egrem, reafirmó la permanente actualidad de una de las especies representativas de la música insular y el altísimo nivel artístico y profesional de los intérpretes, a la vez que devino excepción en un escenario donde resulta difícil para una empresa discográfica del sistema institucional de la cultura cubana salir adelante.

El disco, que opta por el lauro al Mejor Álbum Tropical Tradicional, se concretó mediante una provechosa alianza con el sello El Cerrito Data Studio, de California, que cuenta en su haber con la promoción de valiosos artistas estadounidenses y cubanos como el grupo Mezcla, de Pablo Menéndez; la insumisa cantante Barbara Dane y el pianista Omar Sosa.

En los cuatro restantes fonogramas nominados en esa categoría y producidos por modestas casas estadounidenses y latinoamericanas, que apuestan por mantener vivas las tradiciones populares,  mayorean los músicos y las músicas cubanas, tales son los casos de Alma

cubana, de Leoni Torres, con temas suyos y de Kelvis Ochoa; Solos, trova, filin y boleros por el pianista Gonzalo Rubalcaba y Jon Secada; Chabuco en La Habana, del colombiano Chabuco, grabado casi en su totalidad en la capital cubana bajo la producción de Cucurucho Valdés, y en el que figuran Horacio El Negro Hernández, Fabián García Caturla, Samuel Burgos, El Panga y Alejandro Delgado; y Gente con alma, del también

colombiano José Aguirre y su Cali Huge Band, de recios boleros cantados, entre otros, por Gilberto Santa Rosa, Diego El Cigala y las hermanas Nuviola, unos cuantos con la firma de Osvaldo Farrés, Mario Fernández y José Antonio Méndez.

Un acápite colindante, el de Mejor Canción Tropical (premia a compositores), resaltó la pieza Bolero a la vida, escrito por el cubano Santiago Larramendi y la guatemalteca Gaby Moreno, quien lo cantó junto a la inmensa Omara Portuondo, distinguida ya en 2019 con el Premio a la Excelencia Musical de la Academia Latina.

Otros artistas formados en la Isla alcanzaron también nominaciones: Iván Melón Lewis en Jazz (Voyager), Pedrito Martínez en Álbum Tropical Contemporáneo (Acertijos) –aquí también está Gloria Estefan con Brazil305, pero ella vive desde que tenía año y medio en EE. UU, y su único interés por la Isla coincide con el de su marido Emilio: regresar el país a la órbita de Washington-, y Alex Cuba en Cantautor (Mendó), con el que colaboró Joaquín Betancourt y su orquesta de jóvenes jazzistas. Se impone nombrar a Diana Fuentes, que puso lo suyo entre los autores del tema del español Pablo Alborán, Si me hubieras querido, nominado en Canción del Año.

Un guitarrista santiaguero, que dio sus primeros sólidos pasos en el Conservatorio Esteban Salas de su ciudad natal, residente en Estados Unidos y reconocido como uno de los exponentes más distinguidos del instrumento a escala internacional, Manuel Barrueco, clasificó en Mejor Álbum de Música Clásica con Music from Cuba and Spain, que incluye obras de Narváez, Álbeniz, Cervantes, Iradier, Malats, Granados, Nin-Culmell y Roberto Sierra. La partitura de este último, uno de los más destacados autores puertorriqueños, Sonata para guitarra, escrita especialmente para Barrueco, obtuvo una nominación en Mejor Composición Clásica, al igual que Cuatro, cuarteto de cuerdas del cubanoamericano Orlando Jacinto García, quien ha participado en varios festivales en su patria de origen.

No pocos artistas cuentan con la cultura musical cubana y sus exponentes para enriquecer repertorios y producciones. Así sucedió con el español Antón Álvarez Alfaro, conocido por C. Tángana, que llamó a Eliades Ochoa para un corte de su disco nominado a Álbum del Año, y el colectivo colombiano  Cantoalegre, al incluir a Tony Ávila, Rita del Prado y el dúo Karma en Otra vuelta al sol, que opta por el Mejor Álbum de Música Latina para Niños.

No extraña, sin embargo, que entre tantas perlas se cuelen baratijas, a las que se les da mayor relevancia que a valores sustantivos. Los Grammy Latinos, a fin de cuentas, responden a la lógica del mercado y una parte de los integrantes de la Academia Latina se dejan seducir por lo que más vende, los resplandores de la fama y los golpes de efecto de última hora.

De ahí el alboroto que ha rodeado la doble nominación en Canción del Año y Mejor Canción Urbana del panfleto anticubano que circula desde hace unos meses y hace las delicias de senadores, representantes, ultraderechistas, neoanexionistas y los incultos y rabiosos youtubers a su servicio. Nominaciones no a la interpretación sino a la cuadrilla que firma la autoría del panfleto, a quienes igualan a los compositores. Al margen de la diatriba oportunista y anticubana, la pobre factura musical no se diferencia mucho de lo que cayó en el saco de la equívocamente llamada categoría Urbana. Es la zona de las baratijas de la industria fonográfica.

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