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Thursday, Jul 7, 2022
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Julio Iglesias

¿La artesanía tiene cabida en Benidorm? Este antiguo resort de jubilados reabre sus puertas con suelos de madera, sillas trenzadas y un huerto propio

El goal al que acostumbraba el resort antes de la pandemia period muy distinto, pero altamente rentable. De las 200 y pico habitaciones que disponía, casi todas siempre se llenaban, de acuerdo a Burondo: “El problema es que solo tenía un tipo de habitación muy estándar, los dormitorios eran súper pequeños, no había aire acondicionado, sus terrazas se dividían con una mampara que apenas daba privacidad… period un resort que igual podía estar en Benidorm como en cualquier otra ciudad del mundo. No tenía esencia”. Y aparte se estaba cayendo, que es por lo que la familia propietaria aprovechó el 2020 para buscar una cadena hotelera internacional –la primera que ha entrado en esta ciudad– y rehabilitar el edificio al completo.

La reforma al detalle

Las hermanas arquitectas cayeron en la cuenta de que los bares en Benidorm, gran parte de ellos, suelen revestirse con paredes de pavés, unos bloques de cerámica o de vidrio que ellas aplicaron a una de las fachadas del resort en formato de celosía transparente, como un guiño, de tal forma que desde adentro, durante el día, se pudiera observar la silueta de la montaña de Benidorm. Mientras que, por la noche, la actividad del complejo se reflejara de puertas hacia afuera, dejando entrever la vida que ahora esconden sus 186 habitaciones, mucho más grandes y de ocho tipos diferentes, algunas en versión dúplex con una escalera volada en forma de caracol que a las de Burondo, reconocen, les supuso un calvario.

Tuvieron que reforzar también la estructura del edificio, porque iban a añadirle cinco suites en la azotea. “Benidorm computa diferente al resto de España en cuanto a edificabilidad, y si tú demuestras que vas a mejorar un resort existente aquí te regalan metros cuadrados ilimitados para crecer en altura”, explica Isabel. Cada suite viene con piscina privada, bañeras belgas hechas a mano en cerámica, otras son de hierro fundido diseñadas expresamente para el complejo, lavabos que han firmado artesanos del inside de Alicante y paredes revestidas con pintura a la cal, entre otros detalles que destacan a lo largo de un interiorismo radicalmente sencillo, por un motivo. En el estudio prefirieron reducir la propuesta a lo básico y esencial para que dentro del presupuesto pudiese caber artesanía y materiales nobles.

Dentro del edificio todo es unique

Lo del racionalismo es una exigencia que las de Burondo se impusieron ellas mismas, sobre todo por la experiencia que Isabel cosechó trabajando en operativas de resort antes de montar el estudio: “Al last se busca lo auténtico en los proyectos contract, contando solo con la autenticidad que pasa por el filtro del ojo. Y de repente ves suelos de madera y la gente se lo cree, pero si tú lo tocas o lo hueles, pues nada es lo que parece”, subraya ella. Al menos, en el resort Mercure los suelos sí son de madera verdadera de A Coruña, otros son de piedra extraída en canteras de la Comunidad Valenciana, las sillas se han trenzado también a mano en Alicante, las luminarias que parecen de Flos pertenecen efectivamente a esta firma italiana, y la icónica lámpara Tolomeo no es una imitación. Es de Artemide, la marca que la creó en 1986.

En definitiva, nada imita a nada. Dentro del edificio todo es unique, excepto lo que por normativa no pudo serlo, como los linos de las cortinas de cada habitación –la ley exige tejidos ignífugos– o los suelos porcelánicos que hay en las terrazas extendidas –necesarios para cumplir un C3 en un edificio existente–. Pero ni siquiera ese pequeño elemento aspira a emular una piedra: el porcelánico es de un colour beige neutro y súper easy. “Que el interiorismo fuera auténtico period aparte una premisa que necesitaba el resort, porque en los años 50 y 60 aquí en Benidorm las cosas eran lo que eran, puras y muy naturales”, opinan las arquitectas.

Ni sesiones de aquagym, ni buffet libre a cualquier hora del día

Otro de los problemas al que tuvieron que enfrentarse en el estudio fue la planta baja del resort, tenía casi 2.000 metros cuadrados y una altura que no llegaba a los tres metros. “Eso parecía una mezquita”, compara Isabel. Para descongestionar el espacio recondujeron los accesos de las instalaciones a la parte de afuera con un camino que atraviesa el huerto y conduce a la piscina y al jardín, diseñado por el paisajista Álvaro Sampedro. Gracias a ese camino ahora no se cruza la gente que va con bañador y toalla con la que entra y sale del restaurante, ubicado a la vez en la planta baja, con otro acceso exterior propio y un concepto muy alejado del típico native de cadena hotelera con todo incluido.

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