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Thursday, Sep 29, 2022
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Julio Iglesias

Muere Manolo Sanlúcar, el gran maestro de la guitarra flamenca

El compositor, guitarrista, investigador y escritor Manolo Sanlúcar ha muerto a los 78 años en el Hospital de Jerez de la Frontera tras estar ingresado por insuficiencia renal.

El deceso ha ocurrido a mediodía de este sábado y a sabiendas de que la Junta de Andalucía había iniciado el procedimiento para la concesión de la I Llave de Oro de la Guitarra Flamenca, galardón que ya había sido puesto en comunicación de la familia y allegados.

Al respecto, el propio consejero de Turismo, Cultura y Deportes, Arturo Bernal, se encontraba desplazándose desde Granada a Jerez de la Frontera para estar con el maestro y hacerle partícipe de la de la adhesión que tanto las instituciones privadas culturales como el tejido asociativo, así como los intelectuales, artistas y periodistas culturales, habían tenido con el reconocimiento según fue registrado telemáticamente en la propia Junta de Andalucía.

Así las cosas, ningún guitarrista aparece con una más alta conciencia artística y ethical que Manolo Sanlúcar, nacido el 24 de noviembre de 1943, y en el seno acquainted del matrimonio formado por Isidro Muñoz Reposo y Josefa Alcón Lareu, con lo que el niño coció sus inicios al calor de una tahona caldeada por la guitarra paterna, al punto que la primera vez que Manolo Sanlúcar se abraza al instrumento fue en el bautizo de su hermano Isidro, para después, a los nueve años de edad, comenzar ya a recibir las primeras lecciones del padre.

Tras un paso fugaz por el Colegio La Salle, a los 11 años de edad ya ayudaba al padre en el negocio acquainted, la panadería, al tiempo que compartía la faena laboral con el acompañamiento a los aficionados locales.

Manolo Sanlúcar, en 1987, durante una actuación en Madrid.L. CONTRERASEFE

Pero hete aquí que tres años más tarde, Pepe Pinto le dijo a Isidro Sanlúcar que le llevara al niño al bar que éste regentaba en La Campana sevillana junto a su mujer, la Niña de los Peines. Como el padre no podía abandonar la panadería, fue Luis el Quija, cantaor y vendedor de dulces, quien se prestó a hacerlo a cambio de que Isidro le comprara toda la mercancía. Ni que decir tiene que aquel encuentro fue determinante, ya que después de escuchar al niño y ser amadrinado por Pastora Pavón, Pepe Pinto se lo recomendó a Pepe Marchena, con quien debutaría como profesional en Campillos (Málaga) a los 14 años de edad.

Manolo Sanlúcar formuló su ideario desde Madrid y desde el acompañamiento, dejando una fecunda estela que va desde La Paquera de Jerez hasta su acompañamiento a Merche Esmeralda, sin olvidar cómo tuvo que aguantar al señorito para sobrevivir o su estancia de esclavitud a finales de los 60 en el Tablao Las Brujas con El Chato de la Isla y los Hermanos Reyes, entre otros.

Fue así cómo se atrincheró en ideologías tradicionales para revitalizar la guitarra desde dentro, teniendo la habilidad de no encerrarse en veredas trilladas y olfateando el vacío en que aquellas tendencias se movían, corolario que evidencian sus mecanismos, que, más que de su mano, parten de su infatigable trabajo, su talento y su corazón, como bien se pone de manifiesto en las grabaciones realizadas a los más diversos cantaores en el periodo que va de 1960 a 1978, a más de las voces que han estado en sus obras, como las de Enrique Morente, al que ofreció nuevas perspectivas en la colombiana de su disco ‘Sacromonte’ (1982), José Mercé, Carmen Linares, Charo Manzano, La Macanita, Carmen Grilo o Carmen Molina.

Con todo, el pacto con la voz más importante de su vida lo firma el 27 de enero de 1968, fecha en que contrae matrimonio con Ana María Rencoret Roldán, y justo el año en que publica su primer disco en solitario, Recital Flamenco.

El maestro Manolo Sanlúcar, en su último concierto ofrecido en Nerja.
El maestro Manolo Sanlúcar, en su último concierto ofrecido en Nerja.EFE

Corre ya el año de 1971 y firma con la empresa discográfica CBS los tres volúmenes de Mundo y formas de la guitarra flamenca, una antología que concluyó en 1973 abriéndole las puertas de los foros más diversos y distantes, y en 1974 saca a la luz el disco Sanlúcar (CBS. 81 066), año en que cobra una fuerza inusitada con la composición ‘Caballo negro‘ (1974), rumba que surgió a raíz de que la casa de disco le pidiera un tema para Los 40 Principales y que compitió en el ‘hit parade’ de éxitos con Julio Iglesias.

Pero paralelamente a este tema aguado que, al igual que el ‘Entre dos aguas‘ (1973) de Paco de Lucía tanto contribuyó a la popularidad de la guitarra, Sanlúcar saca al mercado el disco Sentimiento (CBS. S 81748), al par que se lanza a la búsqueda de un concepto musical repleto de contenido y con una consistencia más que suficiente como para resistir los avatares del tiempo.

Con Fantasía para guitarra y orquesta, obra en cuatro movimientos que apareció en 1977, un año antes que Paco de Lucía interpreta a Manuel de Falla (Philips, 1978), se bifurca el camino de ambos compadres: Paco se vuelca en lo fashionable, en las músicas caribeñas y en el afianzamiento internacional, y Manolo en lo escolástico, en la investigación y en ganarse para el flamenco el respeto de los clásicos.

En 1978 el maestro ya residía a caballo entre Madrid y Sanlúcar, cuando surge el compromiso de estudiar música por necesidad (solfeo, composición, armonía, contrapunto y dirección en un tiempo récord) para orquestar sus propias obras sinfónicas, hecho éste que sería primordial en su carrera, ya que, después de poco más de 20 años en Madrid, fija en 1982 su residencia definitivamente en Sanlúcar.

En 1982 el maestro produce y dirige el álbum doble Ven y sígueme (Un gitano llamado Mateo), según una thought de El Lebrijano y en el que también participa Rocío Jurado, al tiempo que organiza en su localidad natal el I Curso Internacional de Guitarra ‘Sanlúcar’, del 1 al 29 de agosto, entre cuyos alumnos se encontraba Vicente Amigo, a quien a partir de entonces lo adoptó como si fuese su hijo artístico.

Pero habríamos de aguardar al 13 de julio de 1984 para que el Ballet Nacional de España y la Orquesta Sinfónica de Madrid estrenaran, en el Teatro Lírico Nacional de La Zarzuela, Medea, obra sinfónica que cuatro años después llega hasta el Metropolitan de Nueva York y que hoy es uno de los montajes incunables de la historia de la danza española.

Curiosamente ese año de 1984, cuando el maestro estaba de gira por Australia, fue invitado a dar un concierto en la sanluqueña Iglesia de San Francisco -donde habita el Cristo de los Pelos-, a beneficio de las obras de caridad de la hermandad del Silencio. Suspendió la gira y, después de veintitantas horas de avión y de jugarse la vida por la Nacional IV, llegó a tiempo de dar lo mejor de sí ante sólo 200 personas. Una vez finalizado el concierto, el maestro -orgullo de Sanlúcar y honra de Andalucía-, pidió desde el escenario unas tijeras y, como corresponde a su estirpe y hombría, cortó, ante el asombro de sus paisanos, las cuerdas de las guitarras. Este es uno de los mejores ejemplos históricos de cómo defender el arte, el espacio destinado a contenerlo y la dignificación cultural que éste representa.

En 1987 se publica el disco de Medea. Y mientras el maestro esboza en silencio la lluvia que más tarde cantaría acorde con nuestros sentimientos, el sevillano Teatro Lope de Vega acoge en 1988 el montaje Testamento andaluz, con música de Manolo Sanlúcar, textos de Antonio Gala y estampas del pintor Manuel Rivera, finalizando el año aquel 15 diciembre en que el Ballet Nacional de España, dirigido por José Antonio, estrena, en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, su obra sinfónica Soleá, con el protagonismo de Merche Esmeralda.

Pero esa lluvia de notas universales que anhelábamos llegó a modo de borrasca en ese 1988 histórico con la aparición de Tauromagia, el trabajo más ambicioso y completo de guitarra flamenca hasta aquel entonces.

Su música, que ya navega aprisionada en el mar de la armonía, va soltando amarras en 1989, en que lo mismo aparece la grabación de Soleá, la obra sinfónica compuesta para el BNE, que pone notas de colores a la serie de TVE ‘La marisma y el llano‘, creaciones que abren los ojos al consejo del Gobierno Andaluz, que en febrero de 1990 le distingue con la Medalla de Andalucía en su categoría de plata.

Llegados los fastos del 92, Sanlúcar inaugura tanto la Exposición Common como el Teatro Central, de Sevilla, con La Gallarda, poema escénico sobre los textos que Rafael Alberti escribió en su exilio en Argentina (1944-55) para Margarita Xirgú. Se presenta, igualmente, en el Cine Expo de la capital hispalense Sevillanas, de Carlos Saura, película que dirige musicalmente Manolo Sanlúcar, y el 17 de septiembre de ese año tuvimos el honor de participar en la presentación en Sevilla del compacto Aljibe. Sinfonía andaluza, la sexta y más ambiciosa producción del maestro en el terreno de la música sinfónica y de concierto. Se trata de una sinfonía en cuatro movimientos con la que había alcanzado un hito histórico: por fin los flamencos se habían ganado el respeto de los clásicos.

Premio Nacional de Música en 2000, en 2013 anuncia su retirada de los escenarios. Continúa en el mundo de la composición, pero, después de 57 años de profesional, deja la ejecución para centrarse en la Gran Enciclopedia Audiovisual de la Andalucía Flamenca, una obra necesaria en el género flamenco y en un país en que, en palabras del maestro, lo que prima es “la música para el culo” y no “la pensada para el alma”.

La vida de Manolo Sanlúcar, que consiguió que la guitarra sea humana, que convirtió la técnica en arte musical y la música en una soberbia lección de humanismo, se caracterizó por su constante trabajo y por su disciplina, y su propuesta estética, que estimamos de proporciones y ambiciones poco comunes, es una reconstrucción de vivencias íntimas o colectivas de la realidad, y cobró un amplio espectro de tonos, formas e intenciones que van del realismo tradicional al experimentalismo más innovador.

Es evidente que decimos adiós a la voz más unique, cuya formación, producción y madurez son, en gran parte, frutos de su experiencia, y que lo mismo registra lo que la memoria debe sacar del olvido que desnuda la complicidad del silencio. Una voz, en definitiva, reconocible por el soplo lírico que la anima y por la lucidez y el incandescente resplandor de sus imágenes sonoras.

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