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Sunday, Oct 2, 2022
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Lifestyle

George Pérez – Diario Córdoba

Imagino ahora a un hombre que se encuentra ante su último dibujo. Lleva toda la vida dando cuerpo a varios personajes de ficción. Pero no sólo cuerpo: también expresión, rasgos, matices en los gestos y en los ojos. Una forma de ser, de observar, de torcer los labios y entreabrirlos en su último suspiro. Ese hombre es George Pérez, uno de los mayores dibujantes de comics de la historia. Escribo comics y escucho, junto a mí, el susurro de Luis Alberto de Cuenca: Tebeos, llámalos tebeos. Muy bien Luis Alberto. Son tebeos. De hecho tienes una antología maravillosa con varios de tus poemas protagonizados por personajes de historieta que se titula precisamente así: Qué haría yo sin mis tebeos. Fino culturalismo con tensión important, entre la Odisea y Los Vengadores. Por cierto, cuanto de Argonautas hay ahí, en Los Vengadores, que ha sido uno de los grupos de superhéroes a los que George Pérez ha dado vida y voz, fondo y fortuna. Pero estamos ante un hombre que se encuentra ante su último dibujo, o ante uno de sus últimos dibujos, porque sabe que sólo pueden quedarle ya entre seis meses y un año de vida. Hace precisamente un lustro, como estrella invitada en las Jornadas del Cómic de Avilés, dijo lo siguiente: «Me gustaría que la muerte me sorprendiera con un dibujo a medio acabar». Para alguien como George Pérez eso debe de ser algo parecido a cuando imaginamos a Manuel Alcántara en su instante closing, firmando su última columna. O a Hemingway, qué sé yo, en sus líneas postreras, antes de pensar que su instante definitivo sólo nacería de sí mismo. Morir ante un dibujo a medio acabar, ante un poema a medio escribir, es morir amando de algún modo. Es morir teniendo ante las manos aquello que has dotado de sentido en la vida. Morir teniendo en las manos aquello entre lo cual te has convertido en hombre. Tu manera de amar la vida que te dieron. Esa forma de honrarla: dibujar y vivir.

Yo he sido muy feliz leyendo los tebeos de George Pérez, y cuando la escritura y esas espirales fronterizas de los calendarios aún me lo permiten, también lo sigo siendo. Decir George Pérez es decir superhéroes, pero sobre todo años 80. O sea, la plenitud. A mí me fascinaba que el mejor dibujante de Estados Unidos, el tipo que daba vida al Capitán América o a Los Cuatro Fantásticos, tuviera un apellido tan acquainted para mí. Me parecía increíble que en el mundo de Jack Kirby y Stan Lee hubiera un Pérez. Pero claro: George period portorriqueño, uno de esos atletas del azar que nos demuestran que la tierra anchurosa de Walt Whitman aún sigue ofreciendo sus oportunidades. Para mí, George Pérez ha sido esencialmente Los Nuevos Titanes, con esos jóvenes ahijados o parientes de los grandes superhéroes, desde Robin a Energy Woman, que eran adolescentes y luchaban contra villanos planetarios, con la sensualidad de unos dibujos que eran carnalidad elegante y serena. Todo eso llegó a su plenitud con Surprise Girl, que dejó de estar tan abiertamente sexualizada para dejar entrar al universo griego mitológico. Y, desde luego, la obra cumbre del comedian -o los tebeos- de superhéroes: Disaster en tierras infinitas, donde todos los universos paralelos del universo DC colisionaban para formar uno solo. Mundos nacerán, mundos morirán. Pues eso. También entonces tenía sus tentativas un escritor adolescente que fantaseaba con crear sus personajes y poder dibujarlos, poder entintarlos y colorearlos. Poder darles vida, tentación de órbitas celestes. Igual que George Pérez.

Esta semana, George Pérez ha comunicado que padece un cáncer de páncreas inoperable. Para no derrochar el tiempo que le queda en el hospital, ha optado por que «la naturaleza siga su curso». Un poco al estilo de Paul Newman. «Disfrutaré al máximo el tiempo que me quede con mi bella esposa, con la que llevo más de 40 años; y con mi familia, amigos y mis followers. Desde que recibí el diagnóstico y el pronóstico, las personas de mi círculo íntimo me han brindado mucho amor, apoyo y ayuda, tanto práctica como emocional. Me han dado paz. Es muy alentador que te digan que has llevado una buena vida, que has traído alegría a tantas vidas». Sus palabras encierran una sabiduría y el reflejo de una plenitud que sólo puedo admirar. Qué dinamismo y qué plasticidad, qué hondura en el trazo de las siluetas, qué fantasía en acción, qué coreografía de bailes en el tiempo. Vuelvo a ver a George Pérez, a los doce años, entrando en la tienda de tebeos en Queens, asomándose a un mundo antes de reinventarlo. Gracias por hacerme tan feliz. H

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