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Thursday, Dec 2, 2021
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Luis Miguel

El capitán y la italiana

Miguel Bosé tiene razón: sus padres eran muy suyos. El “capitán”, Luis Miguel Dominguín, llegó a rey del mambo, se autoproclamó número 1 del toreo, cazó con el dictador Franco –que le reía todas las gracias- y compartió amistad con Picasso, a quien trató de convencer para que el Guernika viajase a Madrid o él pisase España, como sí hizo Ernest Hemingway. Lucía Bosé tampoco period como las demás madres: milanesa, miss Italia a los 16 años, actriz prometedora, musa de Antonioni, y Visconti, una belleza distinguida que aterrizó en Madrid el 19 de diciembre de 1954 para rodar la Muerte de un ciclista y, sobre todo, para no hacer caso al tal Dominguín, al que le precedía la fama de lo que entonces se llamaba “conquistador”.


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Aquel 19 de diciembre en Barajas dará pie al matrimonio con más glamur, cosmopolita, y exportable en toda la historia de la España franquista, el único que pisaba la alfombra roja de Cannes, las grandes fiestas de la jet set europea o escandalizaba a una sociedad pacata. El productor Goyanes esperaba a Lucía Bosé, 23 años, procedente de Roma, y Luis Miguel debía embarcar precisamente para la capital italiana, donde Ava Gardner –uno de sus romances más célebres- rodaba “La condesa descalza” junto a Bogart. En una visita anterior del torero a Roma, el actor Walter Chiari le habló de la belleza y de la posibilidad de cenar los cuatro. “Es la única mujer a la que yo no te presentaría en mi vida”, replicó Ava Gardner (ver el excelente “Luis Miguel Dominguín. A corazón abierto”, de Carlos Abella, ediciones Bellaterra).

¿Qué hizo Luis Miguel Dominguín al enterarse por Goyanes la llegada de la actriz? Ser fiel a su personaje, el personaje que le encumbró y le perdió: cancelar ipso facto su vuelo a Roma, dar largas a Ava Gardner y perseguir a Lucía Bosé, a la que Chiari y todos los directores le habían avisado de que, tarde o temprano, aparecería “el torero” para llevársela a la cama (no iban desencaminados porque Luis Miguel apostó con amigos –estas cosas se hacían entonces- que se acostaría con Lucía Bosé).

Cuatro días después, la actriz asistió a una recepción en la embajada de Cuba y allí se presentó, con capa española y sombrero, el matador. “Le vi venir. No me cayó muy bien”. Justo lo que más atraía a Dominguín: un reto.

Bosé aterrizó en Madrid con un consejo unánime: vigila con el tal Luis Miguel

Algunos lo consideraban chulería, otros soberbia y bastantes personalidad. Luis Miguel, cuyo apellido period González, había hecho las Américas taurinas con sólo 14 años junto a sus dos hermanos y fue el más descarado retador de Manolete, el ídolo standard de la España de postguerra. Todo un sacrilegio si bien el propio público apretaba a Manolete, le exigía más y más porque, al fin y al cabo, period millonario en un país hambriento. A esta crueldad standard, se suma la arrogancia del aspirante. Y coinciden en la tarde fatídica de Linares, 29 de agosto de 1947, cuando un Miura de nombre Islero prende a Manolete, que muere horas más tarde. Luis Miguel movilizó a sus amistades –médicos y un ministro- para que asistiesen al herido en Linares pero un sector de la opinión pública llegó a decir que se demoró en el fairly de auxilio. Así period el pueblo.

Dominguín y Bosé en Roma

Dominguín y Bosé en Roma

ullstein bild by way of Getty Pictures

Otro se hubiese venido abajo. La inquina period grande y en su primera actuación en Barcelona tras la muerte de Manolete, el gobernador civil, Baeza Alegría, avisa a Luis Miguel que no está en condiciones de garantizar su integridad física en la Monumental. Aquella tarde, 12 de octubre de 1947, Luis Miguel ordena al chófer que detenga el coche a trescientos metros de la plaza para llegar a pie, desafiante, caiga quien caiga. Viste de blanco. El paseíllo fue inusual por la hostilidad del respetable. “Una porción de almas, poseídas sin duda de hiperestesia cerebral, silbó estrepitosamente a Luis Miguel. Y no paró ahí la cosa (…) El diestro afrentado no se descompuso, como period de esperar”, señaló La Vanguardia. Terminó saliendo a hombros…

Como otra tarde célebre, en Madrid, 18 de mayo de 1949, cuando miró al cielo, extendió el brazo y un dedo para autoproclamarse el número 1 desde el centro del ruedo, entre pitos y aplausos. “En el toreo es modesto quien no puede ser otra cosa. Dios nos libre y, sobre todo, libre a las empresas de los toreros modestos”, escribió el crítico de ABC.

Lucía Bose, musa del neorrealismo italiano, pasó en 12 días del desdén a aceptar casarse

Segundo asalto Dominguín vs. Bosé. Madrid víspera de Navidad 1954. Cena con amigos y baile en la Parrilla del Rex. Lo previsible: “Quería que nos apretáramos mucho y yo me defendía. Él creía que yo iba a ser una presa fácil”. Cuando el grupo se va, el torero tropieza en una escalera. O, mejor dicho, finge que tropieza en una escalera.

Tercer asalto. 26 de diciembre. Nada más llegar a los estudios Chamartín, Lucía Bosé se encuentra, sentado, al moscardón con un pie escayolado. Se interesa educadamente por el herido. Bosé está delicada de un pulmón. “Ahora mismo te arreglo una consulta con el mejor especialista de Madrid”, vino a decirle. El director, Juan Antonio Bardem, se percata de todo: “ Ojo, Luis Miguel no le conviene”. Pero la pareja cena esa noche a solas y el capitán le suelta: “Lucía, ¿por qué no nos casamos?”.

Luis Miguel Dominguín con Sofía Loren y Lucía Bosé

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Cuarto asalto. 30 de diciembre. Luis Miguel acompaña a la actriz a la consulta del physician Abelló. Cena en Jockey. Cuando al día siguiente llega al estudio se repiten las chuflas sobre el torero. “Ya no me hizo gracia”, recuerda Bosé.

Quinto y último asalto. KO en Nochevieja. La actriz entra en la casa del capitán y relata a Abella: “Allí me mostró su núcleo más humano. Fue un momento, como si abriera la profundidad de su corazón y me dijera: mira, ese soy yo. La pena es que luego ya no volvió a hacerlo”. Esa misma noche acuerdan casarse, doce días después del encuentro en Barajas. Cuando se lo cuenta a Mauro Bolognoni, de paso por Madrid, el director se horroriza. (Peor se lo tomaría Antnonioni, que se pasó diez años sin dirigirle la palabra).

Luis Miguel impresiona en Roma a los  amigos de Lucía. algunos homosexuales

Un inciso previo a la boda. El periodista Manuel Del Arco entrevista a Lucía Bosé, ya “señora de Dominguín”, el 4 de enero de 1958 en su célebre sección “Mano a mano” de La Vanguardia: “Yo no tenía ni concept de Luis Miguel Dominguín. Me he casado con Miguel González. Lo que no me gusta de él es cuando saca su dominguismo”.

Una historia así no podía tener una boda convencional. Fin del rodaje de la “Muerte de un ciclista”, la actriz retorna a Roma y convoca a sus amistades para presentarles al novio. “Vinieron todos, Luchino Visconti, Valerio Zurlini, Mauro Bolognini, Franco Zeffirelli. Les encantó, tan bello y tan atlético. Se pusieron a hacerle preguntas sobre su profesión y Luis Miguel, que es muy listo, y se había dado cuentas de que algunos de los presentes eran homosexuales, se desnudó, enseñándoles con un poco de provocación las cornadas de la pierna y la espaldas”.

Los novios se casan en Las Vegas ante un juez de chiste y en la intimidad el 1 de marzo de 1955. Habían dormido en Los Ángeles y el torero dijo de buena mañana: “ponte guapa que vamos de boda”. Volaron en avioneta privada y dieron el sí, lejos del bodorrio al que no hubiesen podido sustraerse en España o Italia. Muchos pensaron que ni Luis Miguel Dominguín se cortaría la coleta ni “la italiana” –como la llamaban en el clan del torero- sería una esposa resignada.

Al regresar a España, la presión social les puede. ¿Cómo iban a invitarles a las monterías con su Excelencia, el dictador, si vivían en pecado? “Me casé por unas perdices”, se jactaba el torero, cuando “domingueaba” y cultivaba el personaje provocador, para desespero creciente de su esposa (tan deseada como él…). El periodista González Ruano lo ve  como “un príncipe despectivo”. El enlace por la iglesia se produce el 19 de octubre de 1956 en Villa Paz, la finca conquense del torero,  futuro escenario de trifulcas conyugales.


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Las normas en la casa de Madrid las impone el número 1. Menos pasta italiana, el castellano como lengua con el servicio y tratamiento de “Señora Dominguín” y no Lucía Bosé. La actriz termina el último rodaje antes de dedicarse a la maternidad, “Así es la aurora”, un movie de Luís Buñuel rodado en Córcega.

Y entra en escena Miguel Bosé. A lo grande. Luis Miguel ha decido volver a los ruedos –carrera dilatad pero intermitente- y se halla en América en pleno primer embarazo de su esposa, que ya va por los ochos meses de gestación cuando el torero le pide que se reúna con él en México, donde un mariachi espera a pie del avión a la actriz. Las cosas de Miguel… Por cuestión de contratos, él se va a Guatemala con su hermano mayor, Domingo, “el comunista”, y ella viaja sola días más tarde. Y de allí a Panamá, donde se produce el parto el 3 de abril de 1956. El presidente Ricardo Arias es de los primeros en acudir al hospital. Y llueven los telegramas, entre ellos el de Ava Gardner: de celos nada, serán buenas amigas.

El torero cae bien a Franco lo que protege a su hermano Domingo, comunista

El matrimonio tiene una cualidad única en la España gris de los 50 que dicho con lenguaje del 2021 sería su “transversalidad”. El régimen venera -y envidia- a Luis Miguel porque sabe que le cae simpático al dictador, una relación que comienza con un brindis en una corrida en Madrid allá por 1946 y se prolonga en las cacerías, un quién es quién del régimen. Es el play-boy oficial de un país sórdido y reprimido por el que pasan las grandes actrices (en el legendario Chicote le avisan en cuanto hay alguna celebridad en el establecimiento, un “should” en el Madrid de los turistas). Lucía Bosé iba para estrella del cine italiano, un país católico pero democrático, tiene amistades brillantes y una elegancia innata que deja en paños menores los modos mesetarios. Su modernidad es imbatible.

¿Cómo podía un torero ser tan amigo de Franco y sus ministros y, al mismo tiempo, tener amistad con Picasso, recibir un poema laudatorio de Rafael Alberti y contribuir al retorno a España de Hemingway? Carlos Abella, jurista y colaborador de “La Vanguardia”, lo definió así en el obituario de Luis Miguel publicado el 12 de mayo de 1996: “Muchos no le perdonaron, confundiendo versatilidad con arribismo, que lo mismo alternara con Franco en aquellas pintorescas cacerías en los montes de Toledo que se pasara temporadas en casa de Pablo Picasso. Otros no entendían que jugara al mus con Camilo Alonso (un ministro duro del franquismo) y que al mismo tiempo le pidiera un pasaporte español para Jorge Semprun o que visitara a Ramón Tamames en los temibles calabozos de la Dirección Normal de Seguridad cuando éste fue detenido en 1956”.

Picasso, con Luis Miguel Dominguín y sus hijos en Cannes

Picasso, con el matrimonio y sus tres hijos en Cannes

EFE

Jean Cocteau presentó a Luis Miguel Dominguín y Picasso en 1950. De la primera vez que compartieron mantel, el torero dejó dicho: “Los dos nos observábamos como hacen los toros antes de atacar” La relación progresó con rapidez porque el pintor no se perdía las corridas del sur de Francia y compartían virtudes y defectos (un par de mujeriegos). Además, el hermano mayor, Domingo Dominguín, falangista desengañado, militaba en el PCE, ponía dinero en empresas culturales antifranquistas como la productora de cine Uninci –”Bienvenido Mister Marshall” o “Viridiana”- y ayudaba, a menudo mediante Luis Miguel, a echar un cable a militantes detenidos. ¡Incluso llegó a organizar dos corridas de toros en el Belgrado del mariscal Tito! El apellido abría puertas insospechadas.

La versatilidad del marido de Lucía Bosé le convirtió en una suerte de embajador oficioso del régimen al que se le podía sugerir, tolerar o garantizar determinadas gestiones. Hay dos relevantes en lo que concierna en la relación intensa con Picasso, padrino de Paola, la hija menor: un posible retorno del “Guernika” a España y la posibilidad de que Picasso –afincado en el sur de Francia- pisase de nuevo el país. Al régimen podía interesarle bajo ciertas condiciones. Picasso escuchó, sin descartar nada de plano, pero le comentó que los “amigos comunistas le trataban mejor”. Del Guernika, recuerda, fue el régimen quien se acabó rajando…

Hemingway viajó a España para describir la rivalidad de Luis Miguel y Ordóñez

En cambio, Ernest Hemingway sí pisó la España franquista en 1953 y regresó, en 1959, enviado por la revista “Life”, para escribir una serie de reportajes extensos sobre la rivalidad en los ruedos de Luis Miguel Dominguín y su cuñado Antonio Ordóñez, dos dinastías tremendas. Añoraba los Sanfermines y las corridas de toros, acaso más su atmósfera, y aceptó con dudas: ¿me permitiría Franco entrar y moverme libremente por el país? “Me resulta extraño volver a España; nunca esperé que me permitiesen regresar al país que amo más que ninguno, excepto el mío y yo tampoco quería hacerlo pero mientras ninguno de mis amigos estuviera en la cárcel”. No period el caso y tuvo especial interés en conocer a Luis Miguel y Antonio, a cuyos padres, también toreros, había visto en acción. Los reportajes fueron recogidos en el libro “The harmful summer season” (El verano peligroso) en el que decanta sus simpatías por Ordoñez, más artístico pero menos poderoso que Dominguín. No está mal: salieron a tres cornadas cada uno. Si Luis Miguel Dominguín fue el predilecto de Pablo Picasso , Hemingway o Orson Wells idolatraban a Ordoñez, cosa que sentaba como un tiro al capitán.

El matrimonio comienza a agrietarse en 1961, tras el nacimiento de Paola Dominguín, tercera y última hermana. Lucía vuelve a estar embarazada –perdería la criatura- y el torero a desaparecer de casa. Un día, dos días, tres noches. Luis Miguel “domingueaba” y la italiana no period el prototipo de esposa resignada de modo que una noche en que llamó al chófer para que fuese a recogerlo en un tablado legendario, Gitanillo’s, “en vez de ir él fui yo –relató Lucía Bosé a Carlos Abella-, con mis cinco meses de embarazo. Y al verle no pude contenerme y le abofetee. El hombre que hacía solo unos años me había fascinado por su finura y elegancia, se habían convertido en un zafio sin gracia alguna. Cuando volví a casa ya me di cuenta, definitivamente de que nuestra relación había terminado”.

The communion of Lucia Dominquin (L to R): the bullfighter Luis Miguel Dominguin his daughter Paola, his daughter Lucia, his wife Italian actress Lucia Bose and his son Miguel (Miguel Bose), 1968, Madrid, Castilla La Mancha, Spain .(Photo by Gianni Ferrari/Cover/Getty Images).

De izquierda a derecha, Luis Miguel Dominguin, sus hijas Paola y Lucía, Lucía Bosé y el primogénito Miguel 

Gianni Ferrari / Getty

El matrimonio resistió a trancas y barrancas hasta la noche de fin de año de 1967. Se presentó por sorpresa en la finca Villa Paz –no aquella noche- con sus hijos y pilló in fraganti al torero, que ya mantenía una relación secreta… con su prima Marivi, a la que llevaba bastantes años. Lo cierto es que alguien prendió fuego a la casa. Lucía Bosé siempre ha desmentido que fuese la causante del incendio, sin éxito: el resto de testimonios le achacan la autoría. A lo de “la italiana” le añadieron “la pirómana”. Pidió la separación –uno de sus pocos respaldos fue un delfín del régimen, López Bravo-. Y también ella se puso el mundo por montera.

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