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Sunday, Aug 7, 2022
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Analizamos qué es actual y qué es ficción en la película ‘Eiffel’

Analizamos qué es actual y qué es ficción en Eiffel (Pathé, 2021), la película que cuenta la historia de la construcción de la torre parisina. ¿Qué es verdad y qué no en la historia del ingeniero Gustave Eiffel durante la construcción del más famoso de sus proyectos? Lo analizamos en este Truth Fiction. 

La película Eiffel cuenta la vida Gustave Eiffel (Romain Duris, Los seductores) durante los dos años que tardó en construirse la Torre Eiffel. El filme arranca con el reconocimiento al ingeniero por haber construido la estructura de hierro que sostiene la Estatua de la Libertad en Estados Unidos. 

Al llegar a Francia, el Gobierno le pide que se presente al concurso que decidirá cuál será el proyecto que se construirá como símbolo de la Exposición Common de París de 1889. Él muestra su desinterés y oposición en varias ocasiones porque quiere dedicarse a las obras del metro, pero la aparición de su antiguo amor, Adrienne Bourgès (Emma Mackey, Intercourse Training) le empuja a aceptar el reto. ¿Se construyó la Torre Eiffel por amor?

La torre tiene forma de A, de Adrienne

La narración salta en el tiempo entre los años de construcción de la torre (1887-1889) y 1860, cuando Gustave y Adrienne tuvieron su romance, impedido por los padres de ella. Es su reencuentro en el presente fílmico, la frustración por haberla perdido y la pasión de ella lo que impulsan a Gustave a aceptar el proyecto: tenía que hacer algo inolvidable, narra la historia.

Cartel de la película ‘Eiffel’. Fuente: Filmaffinity

Una relación que aparece en La verdadera vida de Gustave Eiffel. En esta biografía, la autora Christine Kerdellant cuenta el romance de los dos en Burdeos. Fue una de las mujeres de su vida, pero no la mujer que inspiró la creación del monumento de la ciudad del amor. 

Martin Bourboulon, el director de la película, admite en una entrevista en Condé Nast Traveller que la evolución de la historia de amor es ficción: “Sabemos que la historia de amor entre Gustave y Adrienne existió en su juventud. Y la hipótesis es que su historia de amor revivió 30 años después y fue eso lo que convenció a Eiffel a levantar la torre”. 

No es una obra de amor, es un acto político, explica José María Fernández-Isla a Newtral.es. Una estrategia, la de colocar a la siderurgia francesa al nivel de Estados Unidos o Reino Unido, vigente desde la época de Napoleón. “Quieren crear un hito, llamar la atención sobre la Exposición Common”, cube este arquitecto y exdecano del Colegio de Arquitectos de Madrid (COAM).

Al last de la película, Gustave escribe el nombre de Adrienne sobre un plano de la torre, ya construida, y usa el edificio como la A del nombre. En la biografía de Kerveillant también se habla de que al examinar los planos de la torre, el ingeniero vio la forma de una A, “A de Adrienne o A de Alice [otro de los amores de su vida]”. 

Sin embargo, el diseño authentic del proyecto es de Maurice Koechlin y Émile Nouguier, ingenieros, y Stephen Sauvestre, arquitecto, tal y como consta en la información oficial del monumento. Cuando los trabajadores de la compañía Eiffel entregaron los planos a Gustave, la torre ya tenía forma de A. 

La Torre Eiffel, un esperpento sobre París

“La farola de la vergüenza”, “un esperpento sobre París”, “enfado de los vecinos”. Son algunas de las reacciones que se escuchan en la película Eiffel. “Todo París está en contra, incluso los artistas están recogiendo firmas”, le cube un colaborador al ingeniero. No todo París estaba en contra, pero sí gran parte de la sociedad. Entre ellos, un grupo de artistas. 

Ese descontento es actual. En 1887 la revista Le Temps publicó su ‘Protesta contra la torre del Sr. Eiffel’, un manifiesto en el que intelectuales ridiculizaron el proyecto. Entre los firmantes se encontraban Man de Maupassant (Bel Ami) o Alexandre Dumas hijo (La Dama de las camelias). En una de sus crónicas, Maupassant se refirió a la torre como un «esqueleto gigante falto de gracia”, o un “aborto de un ridículo y delgado perfil de chimenea de fábrica». 

Por aquel entonces los arquitectos tenían el monopolio de la belleza en las construcciones, el estilo neoclásico period lo que se llevaba, que poco tiene que ver con el hierro industrial de la torre de 300 metros y 10.000 toneladas que se iba a instalar en el corazón de la ciudad. 

Sobre las protestas, Fernández-Isla recuerda cómo participó toda “la plana mayor intelectual de París”: “Incluso estaba el arquitecto de la Ópera de París, escribieron una arenga furibunda llamando a todos los parisinos a que se sublevaran contra la Torre Eiffel”.

Como puede verse en el filme, hasta los constructores intentan llegar a los tribunales porque no son capaces de alquilar las viviendas de los alrededores de la torre, por el temor de los parisinos a hundimientos del terreno o al derrumbe. Aunque el miedo no period exclusivo de los vecinos. 

Protestas de los trabajadores

Las obras se realizaron con hasta 300 obreros, dirigidos por los más veteranos, como cuentan en la película, donde se puede ver la obsesión de Gustave Eiffel por la seguridad de los mismos, por “las caídas, el frío y el viento». “No quiero ni un fallecido”, declara el ingeniero mientras pone en marcha el operativo. En la película Eiffel no aparece, pero sí que hubo un fallecido durante las obras. 

Se trataba de un obrero que cometió una imprudencia justo al last de su jornada laboral, según recoge el libro The Tallest Tower.  El frío y el viento a la intemperie y la altura de la obra, aunque no aparezca en el guion, sí que supusieron un problema. Algunos obreros sufrieron congelamiento en los dedos de los pies y durante los días más fríos las quejas fueron constantes. Aun así, el saldo de accidentes laborales se considera todo un éxito en comparación con el resto de obras contemporáneas. 

Algo más distorsionada es la relación entre el empresario Gustave Eiffel y los obreros en la película. “Hoy no tengo dinero para el aumento, pero lo conseguiré. Lleguemos hasta el dichoso primer piso y después os doblaré el sueldo. Esta torre es de Francia, pero sobre todo es nuestra, juntos la empezamos y juntos la terminaremos”, les promete desde lo alto de la estructura. Con este discurso, el filme sofoca el conato de huelga, pero la realidad fue algo distinta. 

Dos veces dejaron las herramientas los obreros por las negativas a subirles el salario o la petición de más medidas de seguridad, tal y como explica Joseph Harriss en su libro: “Eiffel propuso un aumento de sueldo para quienes aguantasen la obra hasta el last. Quien no se presentase al día siguiente sería despedido, y los pocos que no se presentaron, fueron rápidamente sustituidos y se contentó a los líderes sindicales dejándoles trabajar solo en la primera planta”. 

Un monumento para siempre

Una de las obsesiones de Eiffel en la película es que el monumento no fuese temporal, que durase para siempre y no se desmontase a los 20 años, tal y como estaba previsto. Antes de finalizar el proyecto, el ingeniero da la orden de cambiar los bulones por remaches en una escena: “A partir de ahora nadie la desmantelará jamás”.

No fue así, según explican en la net oficial de la Torre Eiffel: “Provisionalmente las uniones se fijaron en su lugar con ayuda de bulones, reemplazados posteriormente por remaches colocados en caliente”.

Aun así, Fernández-Isla reconoce a Eiffel como una película “muy solvente” a la hora de reproducir los detalles más técnicos. Con alguna excepción, como lo limpia que está la obra o la ausencia del debate que más candente en ese momento, el de la belleza contra la máquina. 

Retrato de Gustave Eiffel. Fuente: Shutterstock.
Retrato de Gustave Eiffel. Fuente: Shutterstock.

“En aquella época las máquinas (en referencia al origen industrial de la torre) aún no habían adquirido el rango de belleza y después, con el movimiento moderno, nace la expresión, mítica en arquitectura, de ‘belleza la máquina”, apunta el arquitecto consultado, que reconoce a Gustave Eiffel como el creador “involuntario” de los skylines de las ciudades. 

“Sin darse cuenta inventó un concepto que ahora está totalmente de moda, crea un elemento que se ve en toda la ciudad e interviene en la manera de percibirla”, concluye Fernández-Isla.

El filme termina con la inauguración del monumento y con Eiffel asomado al horizonte de París en la cima de su proyecto, pero la historia de la torre no termina ahí. El atractivo turístico fue innegable y el ingeniero se pasó los últimos 30 años de su vida dándole una utilidad further a la torre, con experimentos científicos. 

También sirvió para realizar las primeras retransmisiones radiográficas, de telecomunicaciones o militares. La acogida nacional e internacional fue inmediata y pronto se convirtió en un símbolo nacional. Alrededor de 300 millones de personas han visitado la Torre Eiffel desde su inauguración, en 1889.

Fuentes

‘Eiffel’ (Pathé, 2021).

José María Fernández-Isla, arquitecto y exdecano del Colegio de Arquitectos de Madrid (COAM).

Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España (CSCAE).

‘The Tallest Tower: Eiffel and the Belle Epoque’ (Joseph Harriss).

IMDb.

Filmaffinity.

‘Tour Eiffel Paris’.

Condé Nast Traveller.

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