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Wednesday, May 25, 2022
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Pedro Guerra

Las elecciones se pierden, no se ganan, por Jesús Montesinos

Las encuestas creíbles apuntan que Pedro Sánchez perderá las elecciones sin que el PP y VOX hayan hecho méritos para ganarlas. Y eso lo saben en todas las Conflict Rooms del Gobierno (con Redondo había una, ahora hay muchas).

Pedro Sánchez 

John Thys / AP

Pasó ya en 1996, cuando el propio Felipe González perdió las elecciones, aunque Aznar solo había dicho lo de “Váyase”. El propio González, como le está pasando a Pedro Sánchez y le ocurrió a Zapatero, hizo todo lo posible por atraer la ira de la gente, que acabó votando al PP por descarte.

Cierto que Núñez Feijóo ha disparado las ganas por el PP, aunque esto es más producto del cambio de entrenador. Pero la sucesión de equívocos que comete Sánchez lleva claramente al PSOE, Podemos y cercanos a perder las elecciones cuando sean, si no rectifican. Pero rectificar es de sabios.

Incluso gobiernan con una inestabilidad que asusta a sus socios europeos en medio de una guerra que en España se declara ajena. Liados con Pegasus y las escuchas telefónicas a políticos españoles (todos han olvidado la guerra híbrida de Rusia y que hace un par de años estábamos a bofetadas con Marruecos y asustados por Catalunya), nadie percibe que la disaster económica es brutal. Los bares y las fiestas están para ocultar la realidad.

Con lo cual crece la ira contra quién gestiona el país y a alguien hay que votar y por eso y no por méritos el PP confía en cifras que nunca le darán la mayoría suficiente en solitario. Todo puede ser posible en España, porque Sánchez no tiene más cromos y se apoya en las emociones. Una buena lectura del “Roma soy yo” (Santiago Posteguillo) le mostraría como Cesar siempre tenía un último argumento para ganar. Pero el auge de VOX demuestra que el private no se fía, por ahora.

Las encuestas creíbles apuntan que Pedro Sánchez perderá las elecciones sin que el PP y VOX hayan hecho méritos para ganarlas”

En la Comunidad Valenciana también hay un efecto desbaratador para la izquierda. Porque puede haber un gran cambio, aunque la gestión de Ximo Puig sea mayoritariamente aceptada por aparente y la estrategia de Carlos Mazón, María José Catalá y lo mismo los presidentes provinciales del PPCC no acaba de visualizarse y menos virilizarse. Como le ocurrió a Joan Lerma en 1995, los errores de Sánchez también los pagará Puig. Y además, siempre le saltarán sapos, como el Caso Azud, aunque Manolo Mata se haya puesto el uniforme de Superman. Y, por cierto: ¿Por dónde anda Abalos?

El PPCV debería crecer por el centro, como intenta Feijóo en los espacios que está dejando libres Sánchez con su vocación por comerse a Podemos. Pero este PPCV no está acostumbrado a estos retos; demasiado rancios. Y con mucha voluntad de entrar al toro de los titulares que le ofrece la Conflict Room de Puig: que si habrá o no cambio del Consell o si Marzá es más o menos catalanista. Ni siquiera han compartido el cambio de paradigma industrial que supone la llegada de la Volkswaguen. Eso le aconsejan a Cesar: primero la disaster, luego la política.

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