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Luciano Cáceres, de ser concebido en el teatro a conquistar dos grandes salas de Montevideo – Tvshow – 24/07/2022

Luciano Cáceres no lo podía creer. Llegaba a Montevideo en tiempos pandémicos y una y otra vez veía cómo, en las afueras del Teatro Metro, el cartel de la comedia Desnudos period una promesa incumplida a la vista de la ciudad. La obra que protagoniza había elegido a esta, la sala montevideana, como punto de partida de una gira internacional en 2020, pero llegó el covid y la vida cambió.

Y la puesta, que había cerrado la temporada de verano en Mar del Plata como la comedia más vista y taquillera de 2020, tuvo que guardarse. La marquesina siguió en San José y Zelmar Michelini como señal de otro tiempo, y ahora, a más de dos años, finalmente recupera su utilidad.

Protagonizada por Cáceres, Gonzalo Heredia, Esteban Lamothe, Mercedes Scapola, Brenda Gandini y Sabrina Rojas, Desnudos llegará a Montevideo para hacer cuatro funciones en el Metro. Serán el 6 y 7 de agosto, cada día a las 20.30 y a las 22.30, y quedan entradas en Redtickets.

“Esta vuelta al teatro generó una cosa muy potente”, cube Cáceres a El País, que percibe en el otro, en los otros, un hambre por querer ver.

En Desnudos, se lo encuentra como parte de una comedia en la que tres parejas bien distintas —una recién separada, una en pleno enamoramiento y una, la que él compone junto a Sabrina Rojas, con 20 años de relación y el foco puesto en las finanzas— se reúnen en un juego: ¿serán capaces de reconocerse con los ojos vendados, solo por medio del tacto? El texto es de la alemana Doris Dörrie, reversionado por Esther Feldman y Alejandro Maci, uno de los directores de Santa Evita.

El elenco de
El elenco de “Desnudos”, con Gandini, Lamothe, Scapola, Cáceres, Heredia y Rojas. Foto: Difusión

“Y ahí no solo nos ponemos al desnudo, sino que se pone al desnudo todo eso que estaba tapado: los secretos, las frustraciones, los deseos no cumplidos, lo que no fueron. Pero desde el humor, que siempre es la manera más inteligente para hablar y reflexionar de los grandes temas”, cube Cáceres. “Genera mucha identificación. Es una obra que de verdad se completa con el espectador”.

Cáceres, reconocido actor de cine y televisión argentina, que viene de brillar en la telenovela La 1-5/18 de Pol-ka —le valió su primer Martín Fierro— y que antes compuso algunos villanos memorables, como el de Los ricos no piden permiso, hace hincapié en la profundidad del texto. Intenta que la mirada externa no se quede en los cuerpos desnudos de la campaña promocional, en el título, en el potencial sensual de la propuesta, y que se concentre en lo que hay más allá: la desnudez más íntima, de lo que somos.

“Desnudarse es un medio para desnudar las cosas realmente importantes. Los cuerpos son cuerpos. Mismo cuando hablás de sexo hablás un rato, pero la convivencia es mucho más que cuerpo. Hay algo que da la vuelta, y cuando uno pone al desnudo las cosas verdaderamente importantes, es cuando conocés la esencia. La obra apunta a eso”.

Y algo de eso, de la piel y del humor, de la sexualidad y de una conversación que intenta ser más rica y profunda, también está en El ardor, la obra que Cáceres dirige y que volverá al cartel montevideano en agosto. Luego de hacer, en 2021, una temporada en Punta del Este y una gira por Treinta y Tres, Colonia y Montevideo, la comedia protagonizada por Juana Viale, Joaquín Berthold y Santiago Magariños ahora regresa con Julián Calvino, ante la ausencia de Juan Gil Navarro.

El ardor estará el 18 y 19 de agosto en El Galpón, y tiene funciones anunciadas en Florida, Tacuarembó, Salto, Durazno y San José. Las entradas se consiguen en Tickantel y, para algunos casos, en Redtickets.

“Son obras muy distintas, pero que interpelan desde el humor, que eso está bueno. Vas a pasar un gran momento, te vas a divertir, te vas a reír mucho, pero después vas a hablar de esto. No es que pasó el entretenimiento y no te quedás con nada. Y eso está bueno”, resalta Cáceres.

—Con todo este tiempo reciente que has pasado por acá, ¿cambió tu relación con Uruguay?

—No, es desde siempre. Tengo muchos amigos, tuve mucho laburo acá, muchas producciones. Hice dos temporadas de Impuros, una serie para la Fox de Brasil, ahora Star, que se grabó parte acá; hice películas, comerciales cuando hacía, hay una industria muy potente. Y ni que hablar desde lo teatral. Acá tienen una escuela de actores muy buenos, grupos estables e independientes que vienen haciendo escuela hace años, y siempre es lindo porque cuando vengo voy a ver cosas.

—Me decía Joaquín Berthold, a quien dirigís en El ardor, que como director sos muy exigente…

—¿Eso cube Joaquín?

—Eso cube. Y como actor, ¿cómo sos?

—Más exigente. Es un laburo. Obviamente lo disfruto y tiene muchas cosas hermosas este oficio, esta profesión. Pero vos tenés que estar sano. No hay vuelta atrás en el teatro. Ahora con Desnudos hacemos dos funciones cada día, y tenés que estar muy bien físicamente para hacer teatro para tanta gente, y eso requiere ser rigurosos con uno en la vida.

—¿Cómo definís este presente?

—Es un momento de mucha alegría. El baldazo de darnos cuenta de que no éramos esenciales fue duro, y creo que muchos nos planteamos cómo nos reinventamos, y la vuelta se vive con mucha alegría tanto en nosotros, los que lo hacemos, como en el público. Yo noto esa efervescencia, esas ganas de ver, de volver a compartir este ritual tan único y specific que tiene el teatro, de mucha gente que no se conoce y que un día, a una hora determinada, se arreglaron, se pusieron bonitos para compartir con gente que no conocen. Es precioso. Por más de que hagamos la misma obra y digamos las mismas cosas, nunca es igual y eso me fascina.

“El baldazo de darnos cuenta de que no éramos esenciales fue duro; muchos nos planteamos cómo nos reinventamos”

—Hay una anécdota de que te sacaron de una sala, siendo muy chiquito, porque te sabías la letra de una obra que hacía tu papá. ¿Todavía recordás algo de ese texto?

—Sí, y ayer la volví a leer, la conseguí. Mirá qué loco que preguntes por eso. Y me acordaba de todo el comienzo casi tal cual a lo escrito, y es muy posible que me acuerde tal cual de cómo lo decía mi padre, porque como (la obra, El hombre y sus muñecos) period de un español, estaba cambiada al argentino. Fue muy emocionante volver a leerla. Y sí: yo estaba en la platea y empecé a decir la letra antes que mi papá, y me subieron a bambalinas y fue un momento muy potente. Yo veía a mi papá siendo otro, y el público mirando a mi viejo, desde la altura del escenario, es algo que… (Señala) Piel e gallina. No me puedo olvidar. Entendí que ahí period donde yo quería estar.

—¿Y como espectador cómo lo vivís?

—Ver teatro es algo que… Yo fui concebido en un escenario y veo teatro desde que tengo memoria; me apasiona el ritual, lo que sucede, y si no me interesa tanto lo que está ocurriendo en escena me interesa por qué interesa, por qué toda esa gente está ahí. Me parece un fenómeno único, y por eso no va a morir nunca.

Luciano Cáceres. Foto: Leonardo Mainé.
Luciano Cáceres. Foto: Leonardo Mainé.

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