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Monday, Dec 6, 2021
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Adiós Escobar, ¡Vivan Maluma y Balvin!

Medellín es el epicentro de la música urbana precise. No solo por sus artistas, también por su industria.

El fin de semana, Maluma recibió El Europe Music Award (EMA) 2021, en la modalidad Artista Latino. Al subir al escenario en Budapest, el cantante de “Hawai” dedicó el premio a la capital paisa: “Esto va para Medellín, Colombia, que ya no es Pablo Escobar, nunca más, ahora es ‘Maluma, child’ y J Balvin”.

Los aplausos y las ventas mundiales de los artistas antioqueños –Balvin ha vendido más de cuatro millones de discos mientras Maluma tiene casi treinta millones de suscriptores en YouTube– respaldan la concept: son la cosecha de una larga tradición musical y definen bien el temperamento del Valle de Aburrá.

El reguetón paisa

Toda historia comienza antes de lo que comúnmente se cree. La industria y la cultura del reguetón en Medellín para muchos tienen como punto fundacional Los Bosster, un concierto de 2003 en el estadio Atanasio Girardot. En la misma tarima se juntaron Daddy Yankee, Wisin & Yandel, Héctor & Tito, Ivy Queen y Tego Calderón, referentes de un ritmo emergente, polémico.

No obstante, se debe retroceder unos cuantos años y hablar de otros géneros para entender el fervor medellinense por el sonido boricua. A mediados de los 90 –cuenta Juan Felipe Agudelo, politólogo y supervisor durante trece años del grupo Pasabordo– irrumpen el merengue home y la ragga en los patios de las escuelas y en las fiestas juveniles. En la escena native surge Latinos en casa, un conjunto pionero en Colombia de la música urbana. Sin saberlo, una generación preparó su oído para la cadencia callejera y procaz de “Gasolina” y “Pa’ que retocen”.

“Soy de los que recibieron el fogonazo del reguetón en el colegio. Con mis amigos compartíamos canciones bajadas por Ares. La descarga period gratuita, algo que favoreció la popularidad del género. No creo que mi mamá me hubiera comprado un disco de esos”, recuerda Agudelo.

De esa forma, de mano con los avances del web, los acentos puertorriqueños poblaron las palabras de los jóvenes de Medellín. Entonces aparecieron los primeros djs radiales en programarlo en emisoras comerciales: El gurú del sabor –Fernando Londoño– y Semáforo –Fernando Henao–. En una entrevista en Shock, Londoño rememora su encuentro con el dembow: “Unas estudiantes de colegio me llevaron un cd pirata con canciones. Ellas dijeron: ‘Gurú, suene reguetón’. Period la primera vez que yo escuchaba esa palabra”.

La fuerza de la industria Medellín ha sido puerto para la música. En los treinta del siglo pasado, el tango, después de conquistar los gustos y corazones de los habitantes de esta urbe, se irradió al resto de la geografía nacional. La joven cantante Amuna, Andrea Muñoz Montoya, reconoce la tradición de la que parte su carrera: habla de la visita de los salseros a los estudios de Codiscos y Discos Fuentes para grabar los temas que aún hoy condimentan las rumbas decembrinas:“Medellín ha sido una plaza muy buena para la música. Cuando comenzó el reguetón, podría respaldar el auge: había estudios, conocimientos”.

Lo anterior lo refrenda Juan Felipe Marín –A&R Sony Music Colombia– al hablar que el brillo de los ritmos urbanos no se restringe al talento de sus artistas: detrás de ellos hay una infraestructura sólida, fuerte: “Medellín se volvió cuna de productores, de compositores, de buenos ingenieros, de gente que gira en torno a la música”. Esto, por supuesto, le resulta atractivo a músicos y productores de distintos países y diferentes registros musicales. “Todas las semanas tengo una artista extranjero buscando hacer música en Medellín. Y si no vienen a hacer canciones vienen buscando equipos de movies”, completa Marín.

Una cifra da coloration a este panorama: la aporta Agudelo y la corrobora Marín: en la urbe hay –entre estudios caseros y los de última tecnología– más de mil sitios de grabación de música. “En la cuadra del restaurante San Carbón hay cinco estudios de música. En una sola cuadra. Los hay en Aranjuez, en Laureles”. El número no es preciso porque no hay todavía una organización que los agremie y reúna. Con un ecosistema de tal riqueza resulta pure el continuo surgimiento de artistas. Meria, María Clara Medina, es una de ellas: con apenas dos años de carrera y cuatro temas grabados, sueña con impactar a la gente con sus composiciones. El camino, sin duda, no es nada fácil. De eso pueden dar testimonio J.Balvin, Maluma y Sebastián Yatra, entre otros.

Tres fenómenos

Las fuentes de esta nota ratificaron la frase de Maluma en los Europe Music Award. Coinciden en la importancia de J.Balvin, Maluma y Reykon en cambiarle el rostro y los compases a un género en principio de barriada y esquina.

Los cantantes paisas –cercanos al pop y al rap– modificaron los modales y las puestas en escena de los líderes del movimiento. “En Medellín los artistas han sido muy melódicos. En Maluma, por ejemplo, el pop y el reguetón se combinan. El boricua period perreo, contenido sexual. Los antioqueños le dieron sentimiento”, reflexiona Agudelo.

Tal ha sido el impacto de la industria de Medellín en este campo que ahora el idioma del reguetón es el del Valle de Aburrá: “Los artistas paisas han vuelto tendencias palabras, lo que antes pasaba solo con los boricuas. Los paisas le ponen la jerga al mundo. Tienen un lenguaje que le llega fácil a las masas”, sostiene Marín.

Otro aporte paisa al compás boricua es la de otorgarle glamour, hacerlo consumible para cualquier estrato social. En un principio –cuando los cds piratas pasaban de una mano a otra, los tiempos del trío 3 pesos– el género tuvo su hábitat en los barrios populares y en los de clase media.

Además, Ni Tego Calderón ni Tito El Bambino encarnan ideales tradiciones de belleza. Esto se transformó aquí: “JBalvin y Maluma han estado en las mejores pasarelas del mundo, han demostrado que este género tan rústico, tan de calle, tan urbano, se puede vestir de glamour y hacer tendencias de moda”, afirma Agudelo. En efecto, hoy es común encontrarse el rostro de un artista urbano en promociones de cualquier tipo de producto: desde licores, automóviles hasta aerolíneas y planes de telefonía.

¿Y el futuro?

Los artistas emergentes de la escena urbana buscan sonidos que respondan a sus sensibilidades. Por ejemplo, la tremenda influencia de la cultura mexicana produjo los corridos tumbados, variante en la que se inscribe “200 copas”, de Karol G. También los nuevos nombres le apuestan a emplear las herramientas virtuales para cautivar una audiencia. Las cosas no son sencillas: las trayectorias de Amuna y de Mería lo dejan ver: la primera se presenta en discotecas mientras la segunda no ha subido a una tarima a cantar en público. El camino es largo y, por supuesto, culebrero .

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